------------------------------------------------------------------- Quironautas: Las buenas maneras

miércoles, 20 de julio de 2011

Las buenas maneras


A razón del post de @juliomayol sobre la educación en quirófano, y como estamos de vacaciones y la neurona está reblandecida... ( por la lluvia no por el sol ) me apetece comentar un poco las conductas de los diferentes profesionales en el ámbito quirúrgico.
Además, el recordado post de Cuadrenillo d@ enfermeir@ sobre la enfermería quirúrgica: dedicada a un quirófano seguro, retuiteada por @Ebevidencia parece que me ha venido al pelo para ilustrarme.

¿Cuántas veces en mitad de una cirugía hemos tenido que escuchar gritos y voces, e incluso palabras algo subidas de todo?

Con el paso de los años cada vez nos hacemos más inmunes, y también, cuando pasamos tiempo con el mismo equipo, ya sabemos quienes son más propensos a hacerlo.
Existen diferentes tipos de personas, que por una condición personal o laboral, creen estar en disposición de gritar a todo aquel que se cruce en su camino cuando las cosas se tuercen.


¿Qué supone esto?
Si estamos hablando de la seguridad del paciente quirúrgico, de la necesidad de comunicación antes, durante y después de la cirugía para comentar lo que se va a necesitar, lo que está sucediendo y lo que se debe vigilar o aquello que se debería haber evitado, los gritos, y los malos modos, no entran en esta ecuación.

¿Cuantas veces hemos gastado más material del indicado porque el cirujano da la callada por respuesta?
No es la primera ni la última vez, que antes de una cirugía se le pregunta al equipo A, ¿qué vais a necesitar? ofreciendo un repertorio de materiales consumibles donde pueden escoger, la respuesta muchas veces es la misma... -Lo de siempre...- Yo no se cuando se darán cuenta de que si hay diez cirujanos en muchas ocasiones hay también diez "comosiempres".

Al final terminas por llevar uno de cada al quirófano, y cuando te lo pidan, tenerlo a mano.
En otras ocasiones, la concentración en lo que se está haciendo, hace que no escuchen lo que sucede alrededor suyo, y ya se les puede preguntar varias veces lo mismo, que el silencio es la única respuesta, eso sí, cuando entregas el material que usan "como siempre" y no es el que tenían en mente entonces se produce una explosión de improperios y de "deberías haberlo sabido".

Sin embargo hay otros profesionales, que salvo incidencias de ultima hora, pueden decirte todo lo que van a necesitar tres días antes si hace falta.

Dicen que cada maestrillo tiene su librillo, y en la medicina no se hace una excepción, si nosotras simplemente para coger una vía, tenemos unas u otras costumbres, para la realización de una cirugía de varias horas es lógico que los cirujanos también tengan sus costumbres.

Parte de la culpa de la no planificación de las cirugías, es de la propia enfermería, pues muchos están acostumbrados a enfermeras "de toda la vida" que conocen sus costumbres y manías y que se anticipan a lo que van a hacer hasta en las circunstancias críticas, pero, como no todos los equipos llevan trabajando juntos diez años, las plantillas se mueven, y la lectura de mente no es una asignatura troncal en la carrera, la necesidad de preparar las cirugías con los especialistas es vital para asegurar la adecuada gestión de los recursos materiales, y lo que es mas importante, la seguridad del paciente.

Poner en común la historia del paciente, ser todos CONSCIENTES de sus alergias, enfermedades de interés, lugar de incisión, premedicación, material necesario, y material accesorio etc, ahorrará carreras durante la cirugía, gritos, malos modos y malestar en general.


¿Pero porqué hay gente reticente?
De forma jocosa creo que hay tres categorías de personas, que por la posición "de fuerza" que creen tener para con el resto, hace que sus INSEGURIDADES se transformen en gritos. Al fin y al cabo, si la culpa es de  otro, no lo es mía...
En esta clasificación no se libra ninguna categoría profesional, que como las meigas haberlos, hailos, tanto entre médicos, enfermeras, auxiliares, celadores...

Creo que podría dividirlos así:
Posición por estatus: Son los "tarzanes" Yo tarzan, tu jane... o Yo médico, tu...
Posición jeránquica: Son los "Llongueras", porque yo lo valgo... jefes de servicio, supervisores, direcciones...
Posición veterana: Son los "peinacanas", Porque, sabe mas el diablo por viejo...

Y seguro que hay más, pero así que me vengan a la cabeza son las tres categorías que se me ocurren.

Quién no ha sido enfermerína novata y ha tenido que aguantar alguna que otra salida de tono de una enfermerona de las "peinacanas" por un "quítameparallá", o instrumentando en una cirugía que te has preparado la noche anterior como buenamente has podido, has recibido un grito de un cirujano "tarzán" que te ha repetido quince veces que quiere tijera y tras ofrecersela otras quince te grita ¡quiero sutura o es que no me oyes!. Y la básica, de un supervisor/a  "llongueras" que te pega un bocinazo por que se te ha salido un rizo del gorro, mientras ella tiene todo el flequillo monamente colocado fuera de él.

¿Cuántas anécdotas podríamos escribir no?

Pero realmente ¿cual es el transfondo de esa mala educación? la INSEGURIDAD.

Todas esas categorías que he destacado con una dósis de humor y una pizca de mala leche, tienen en común lo mismo, la inseguridad en el ámbito laboral, e incluso me aventuraría a decir que en la vida personal.

En un momento de tensión, como es el desarrollo de una cirugía, sobre todo si el tema se complica, el hecho de asumir cada uno sus responsabilidades, hace en muchas ocasiones que la tensión suba a niveles muy elevados, es en ese momento, cuando cualquier error, cualquier alteración de lo que cada uno tiene en mente, hace que se crispen los nervios y se eche la culpa a quien se tiene más cerca.

Todos hemos visto a profesionales que en los momentos de máxima tensión, parece que hasta disfruten, están calmados y dan las órdenes una a una, tranquilamente y sin prisa pero sin pausa, sin embargo, otros profesionales, a priori tranquilos y afables, sufren una transfiguración en momentos de estrés, distorsionando lo que pasa a su alrededor como si todo estuviese en su contra...

Deberíamos aprender a confiar unos en los otros, a tener espíritu de equipo, a darnos cuenta de que solo somos patas de una mesa, y que cuantos más seamos, mas estable estará esa superficie, que al fín y al cabo es el paciente.

Siempre digo que los problemas personales se tienen que quedar a la puerta del hospital, pero creo que los prejuicios, los estatus, las inseguridades y los miedos también deberían quedarse allí.

Traspasada esa puerta, no hay jerarquías, solo hay un equipo de trabajo, que se comunica y se articula para un objetivo común, conseguir lo mejor para el paciente.